
La luz crepuscular entraba tras el cristal.
Creí ver por los visillos tu esbelta figura,
al momento desapareciste de mi vista.
Pensé que todo eran imaginaciones mías.
Te habías extinguido como cortina de humo;
ya no te vi pasar después por el mismo lugar.
Fue una confusión desafortunada.
¡Qué error, si te conocía más que de memoria!
De igual forma que te evaporaste, apareciste.
No di seguridad a lo que estaba pasando
ni supe entender el porqué de tu regreso,
ya no te esperaba, y fue una sorpresa para mí.
Inquietos deseos aparecieron en mi vida.
Afianzados sentimientos viví.
El suave roce de tus manos me hizo tembrar
y mi cuerpo empezó a sentir esas vibraciones.
Una expresión silenciosa salió de tus labios;
me quedé pensativa sin saber qué hacer.
Pensé que debía controlar mis emociones
y volví a caer rendida en tus brazos.
Con el pensamiento lúcido, te hablé esa noche
para decirte lo mucho que te echaba de menos.
Tu canción dio alegría y reposo a mi corazón,
y mi alma se conmovió al recitar tú en silencio.
Amelia Moncada georgiades





