domingo, 29 de mayo de 2011

Vuelo presurosa por tu cielo



Ahora que la tristeza me abruma,
mi llanto no puedo contenerlo.
En este instante deseo evadirme
para salir del hastío que hay en mí.

Lo que más ansío en este momento

es unir nuestros cuerpos en uno,
para saciar esta pasión que nos roe
y nos desespera a pasos apresurados.

Al sentir tu pecho rozando mi piel
sólo veo sombras; pienso si eres tú
el que se está viniendo a mi lecho.
Quedan en sensaciones imaginarias.

Tanto ambiciono tenerte conmigo;
que te intuyo por todas partes;
hasta oigo tus cálidas palabras
diciendo que me amas como nadie.

Sé lo que te representa vivir sin mí;
por eso vuelo acelerada por tu cielo
para aterrizar lo antes posible
y poder permanecer extasiada junto a ti.

Uniremos nuestras vidas para siempre
y se calmarán estas ansias que tenemos.
Tus caricias me harán olvidar
la distancia tan hostil que nos separa.


Amelia Moncada Georgiades

viernes, 6 de mayo de 2011

Ascuas activas



Persevero para que me des tu acceso
para poder
instalarme en tu corazón.
Seré el lecho constante de tu destino
y me llevarás por la senda de tu gozo.

Espero ser fuerte y explorar tu edén;
desaparecerá tu desolación e insomnio.
Recolectaré todo lo apacible que halle
para que endulces tu vida con mi miel.

Lucharé siempre contigo con honradez,
aunque tenga que llevarte de la mano.
Yo jamás te abandonaré ni en el peligro,
porque mi sisceridad es inquebrantable.

Acoplaré nuestro sentimiento congelado
y lo abrigaré para que le vuelva el fuego.
Se reaviva su lumbre de continuo otra vez.
Búscala en los corazones y lo encontrarás.

Gozaremos de las satisfacciones soñadas
en un cráter de luz y calor de diaria entrega;
de amor que yacerá en las ascuas activas
con mi piel erizada de deleites y pasiones.

Te amo con mi mirada ansiosa de deseos
y me cogeré a tu cuerpo inmediatamente.
Tus versos los instalaré lo antes que pueda
para ver si los consigo escuchar en silencio.

Amelia Moncada Georgiades.

lunes, 25 de abril de 2011

Tus negros cabellos



Apareciste frente a mí y me subyusgaste
y enseguida, sin asumirlo, me enamoré.
Había momentos en que me inquietabas
al advertir de la manera que te encendías.

Tus encantos florecieron en mí profundos;
por eso en mi alma deseé llevarte siempre.
Al verte tan majestuoso te gocé mucho más;
de pronto llegó el alba y decidiste marchar.

Tus negros cabellos, en sueños anhelé besar
y la fatalidad del destino aceleró mi empeño.
Así pude observar gozosa cómo te disipabas
hasta que volvieras para estar otra vez juntos.

Mientras que se desfloraba el olvido vivido
empecé a disfrutar del rescordo de mi sueño
y de los albores de tu aroma que quedaron
en mi cuerpo, y ya no logré jamás dispersarlo.

Tu garbosa silueta se incorporó dentro de mí
y en los pliegues de las olas admití descansar.
En ese instante se hizo más amable mi dormir
y la embriaguez de tu amor percibí al despertar.

Amelia Moncada Georgiades










jueves, 14 de abril de 2011

Te dejo este poema

















Sólo con sentir tu nombre
me elevo al mismo paraíso.
Tú eres mi única felicidad,
alegría y constante fantasía.

Hay excesivas cosas más
que callo ahora por decoro;
todo eso significas tú para mí,
en este mencionado momento.

Desde el umbral de mi alcoba
oigo tus pasos que se acercan,
en el silencio de la noche
pregunto:¿Eres tú el que vienes?

¡Duérmete, sentimiento mío,
y despierta con la aurora.
Antes de que se ausente
quiero darle mis abrazos!

Todo lo obtengo de ti;
tu pasión, amor y poesía.
¡Qué más puedo desear
si lo regalas ilusionado!

¡Te quiero, vida mía!
Y te ofrezco este poema
con minués, y tiernas palabras;
te lo entrego de corazón.

Guárdalo en tu mente.
se quedará para siempre
asegurado en tu memoria;
son nuestros recuerdos.

Si pudiera acariciar tu faz,
mis manos se seslizarían
para hacerte mil halagos.
No olvides que aún te amo.


Amelia Moncada Georgiades

jueves, 31 de marzo de 2011

Besos al viento


Le entregaré besos al viento
para cuando roce tus rasgos
mis labios apaguen el ardor
que tienen siempre los tuyos.

Yo amortiguaré con los míos
la fogosidad que les quema.
Aunque te encuentres lejos ,
los has de sentir en tu boca.

Quiero mirar tus ojos verdes
a través del Océano Atlántico.
He extraviado la brújula
y estoy en las aguas perdida.

Ansiosa deseo que comparezcas,
porque sigo sin ver el rumbo.
Tú me llevarás por la ruta cierta
para seguir por ti protegida.

Los días pasan demasiado lentos
y mi afán es que vayan deprisa.
Me entristece estar separada de ti;
no aguanto más esta distancia.

Me desanima la lentitud que tolero,
y no sé cómo ir a tu encuentro.
Por momentos, me voy atenuando;
necesito decirte todo lo que te amo.


Amelia Moncada Georgiades

martes, 22 de marzo de 2011

Inquietos deseos


La luz crepuscular entraba tras el cristal.
Creí ver por los visillos tu esbelta figura,
al momento desapareciste de mi vista.
Pensé que todo eran imaginaciones mías.

Te habías extinguido como cortina de humo;
ya no te vi pasar después por el mismo lugar.
Fue una confusión desafortunada.
¡Qué error, si te conocía más que de memoria!

De igual forma que te evaporaste, apareciste.
No di seguridad a lo que estaba pasando
ni supe entender el porqué de tu regreso,
ya no te esperaba, y fue una sorpresa para mí.

Inquietos deseos aparecieron en mi vida.
Afianzados sentimientos viví.
El suave roce de tus manos me hizo tembrar
y mi cuerpo empezó a sentir esas vibraciones.

Una expresión silenciosa salió de tus labios;
me quedé pensativa sin saber qué hacer.
Pensé que debía controlar mis emociones
y volví a caer rendida en tus brazos.

Con el pensamiento lúcido, te hablé esa noche
para decirte lo mucho que te echaba de menos.
Tu canción dio alegría y reposo a mi corazón,
y mi alma se conmovió al recitar tú en silencio.


Amelia Moncada georgiades

domingo, 13 de marzo de 2011

Un nuevo yacer


Me embrujaste con tus ojos almendrados;
enseguida entró en mí el calor de tu llama.
No sé por qué vi en tu mirada algo distinto
que me hizo otra vez volverme a enamorar.

Estaba todo muerto y abrió un nuevo yacer,
y se manifectó en mí este hermoso despertar.
Desde ese momento ya no te pretendí excluir
por estar en lo más sumergido de mi persona.

Bendito entusiasmo que empecé a distinguir,
y la alegría que proporcionaste a mi corazón
colmándolo de fascinadores y buenos deseos
que todavía incendian demasiado mi espíritu.

Tantas cosas pasaste por dentro de mi sangre
que no sé de qué manera las podía comentar.
Son tan intensas las sensaciones que persisten;
las llevo sintiéndolas más de lo que imaginas.

Aunque compartimos nacientes sentimientos
nunca los mostraremos: son nuestros velados.
Y los mantendremos en la más digna intimidad.
Sabemos que este amor no lo podemos revelar.


Amelia Moncada Georgiades